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El País de la Nostalgia
En mis recuerdos……
La ciudad que se extendía más allá de mi caminatas era amplia y ruidosa. Muchísima gente en las plazas, en los parques, en los restaurantes, en las tiendas. El centro siempre convulsionado. Mis recuerdos de entonces huelen a grama, a cotufas, a sudor de tanto patinar, de jugar a dar vueltas. Eran los años de Salserín, ese famoso grupo de salsa; de programas como “El Club de los Tigritos”, o de la novela “Por Estas Calles”. Los años en que abrió el Centro Comercial Sambil. De ir a alquilar películas a Blockbuster o Yamin Family Center. Era una Caracas próspera, con su anarquía, su apuro de siempre. Vivir en la capital era estar en un sitio donde todo sucedía y sucedía bien.
Los años pasaron y el espectro de mis cuadras se amplió. Recuerdo bien la manera en que le tomé pulso al metro y sabía las horas en que fluía mejor. Comencé a conocer las noches de la ciudad, las calles repletas de coches, de la movida musical, de las madrugadas largas. Fueron tiempos en que comencé a pasear y enseñársela a otros, tiempos en los que descubrí el poder sobrenatural que le damos a El Ávila, esa montaña que nos dice siempre dónde está el norte. Los días en que nada me gustaba más que estar en sus calles desordenadas y en los que me provocaba huir de repente, como si solo a los caraqueños se nos tuviese permitido ese amor-odio por el lugar en el que vivimos.
Ya las madrugadas no están llenas de música, ya las rutinas cambiaron, ya muchos se han ido. Hoy, cuando la ciudad parece desdibujarse, el recuerdo nos sirve como una manera de comenzar a reconstruir, de estar listos, vigilantes. Como para que nadie nos quite la ciudad que añoramos, esa que queremos volver a caminar sin miramientos, sin prisas, sin miedo., y «HASTA EL FINAL».
Caracas, siempre Caracas, con alguna historia por contar.
La Nostalgia que se siente por la tierra en que naciste nunca muere, por el contrario te acompaña en tu día a día.

«El canto de la ranas de noche en el Valle de Caracas, el vuelo de las Guacamayas en la ciudad, el calor del venezolano…..son cosas que siempre echaré de menos».

El Hotel Humboldt ubicado en la cima de la montaña de El Avila que separa el Valle de Caracas del Mar.

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