¿Qué pasa si, al final de nuestra vida, nos damos cuenta de que todo lo que hemos perseguido, todo el sufrimiento y el esfuerzo, no era más que una ilusión construida por nuestras propias mentes, y que en realidad nunca hemos vivido de verdad? ¿Nos convertiríamos en meros espectadores de nuestras propias vidas, atrapados en una realidad que hemos creado, pero que no puede ofrecernos el significado que tanto anhelamos?

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